Salud general

Efectos del sol en la salud. (Lo bueno y lo malo)

Efectos del sol en la salud. (Lo bueno y lo malo)

Julio 10, 2020

En esta época del año, en la que el sol brilla con su máxima fuerza y en la que muchos buscamos broncear nuestra piel, es necesario conocer qué efectos tiene el sol, tanto beneficiosos como perjudiciales, sobre nuestra salud.

La luz solar que llega a la tierra contiene un tipo de radiación llamada ultravioleta (UV), que se compone a su vez de radiación tipo UVA y UVB (los UVC, más perjudiciales, son filtrados por la capa de ozono) y son los responsables de la mayoría de los efectos que produce sobre nuestro cuerpo y que te contamos a continuación.

Efectos perjudiciales de la luz solar

Los rayos UV de alta intensidad penetran en las células de la piel alterando procesos biológicos que afectan su crecimiento y apariencia, produciéndose en ocasiones una reacción inflamatoria conocida como eritema solar o “quemaduras”. Además, está demostrado que la exposición continuada a la radiación UV, especialmente la tipo B, tiene efectos cancerígenos , y aunque las células cuentan con mecanismos de protección y reparación, supone un factor de riesgo para el desarrollo de melanomas y otros procesos malignos de la piel. Por otra parte, los rayos UVA, aunque de menor intensidad, penetran más profundamente en nuestra piel y a largo plazo generan un envejecimiento prematuro que se caracteriza por la presencia de más arrugas, piel áspera, seca y con manchas.

Entre los mecanismos de protección solar de las células cutáneas, se encuentra la producción de melanina, un compuesto que absorbe la luz UV y que da el color característico de una piel bronceada. La producción de melanina varía en función de la genética de cada uno, y por eso es muy importante conocer nuestra piel y cómo responde al sol. En muchas ocasiones, este mecanismo es insuficiente siendo necesario el uso de protectores solares de manera correcta (20 minutos antes de la exposición y repitiendo la aplicación cada 2 horas) y con el Factor de Proteccción Solar o FPS adecuado para tu tipo de piel (el FPS indica la cantidad de radiación UV que llega hasta la piel y se relaciona con el número de veces que el protector aumenta tu capacidad de protección frente a la radiación). También queremos recordarte la importancia de proteger nuestra vista con el uso de gafas de sol que bloqueen el 100% de los rayos UV, ya que esta también tiene efectos perjudiciales a largo plazo sobre la retina y la salud ocular.

Por otra parte, en esta época del año debemos ser especialmente cuidadosos con el calor, teniendo en cuenta que cada año las olas de calor son más frecuentes y más intensas ( 2019 ha sido el cuarto año más caluroso de la historia de forma consecutiva desde 2014). Para prevenir complicaciones por el calor es muy importante mantenerse hidratado, no realizar ejercicio intenso en horas de mucho calor y estar especialmente atento a las alertas de olas de calor informadas por los medios y estaciones meteorológicas.

Las temperaturas altas activan mecanismos de compensación en nuestro cuerpo, que llevados al extremo pueden dañar gravemente nuestra salud. Estos mecanismos consisten en la sudoración y vasodilatación periférica,que pueden producir deshidratación, pérdida de electrolitos y sobrecarga cardiovascular. Deben de tener especial cuidado con el calor las personas con patologías como obesidad, con enfermedades crónicas o aquellos que siguen tratamiento con algunos fármacos (anticolinérgicos, antihipertensivos y antipsicóticos). Es muy importante conocer que la deshidratación puede tener como consecuencia el deterioro de la función renal, especialmente en personas con insuficiencia renal crónica. La urea, la creatinina o el filtrado glomerular son marcadores que ayudan a evaluar tu función renal y que incluimos en todos nuestros perfiles de Melio.

Efectos beneficiosos de la luz solar

Pero no todo podía ser negativo sobre la luz solar, como se suele decir, la naturaleza es sabia. El primer y mayor beneficio que presenta la exposición de nuestra piel a la luz solar es la producción de Vitamina D, ya que el 80% de nuestros niveles de vitamina D se obtienen mediante la síntesis cutánea gracias a la acción de los rayos UV. El 20% restante se obtiene a través de la dieta, incluida en alimentos como los pescados grasos ( salmón, atún o caballa), la yema de huevo o el queso, sin tener en cuenta los numerosos alimentos enriquecidos ya disponibles en el mercado. La vitamina D es necesaria para la absorción de minerales como el calcio o el fósforo, íntimamente ligados con la salud ósea y otros procesos metabólicos. Asimismo, niveles bajos de vitamina D se han asociado a un mayor riesgo de sufrir varias enfermedades como obesidad, diabetes o demencia. Si quieres saber más sobre estas vitaminas y minerales, cuáles deberían ser nuestros niveles óptimos en sangre y nuestras recomendaciones de suplementación, puedes consultar el artículo Vitamina D baja: guía práctica para corregir un déficit dietético muy común en el blog de Melio.

Según un estudio realizado por un Grupo de Investigación en Radiación Solar de la Universidad Politécnica de Valencia, para obtener la dosis diaria recomendada de Vitamina D, necesitamos exponer un 20% de nuestro cuerpo (manos, cara y brazos) a la luz solar de medio día sin protección 10 minutos en primavera y verano, 30 minutos en Otoño y 120 minutos en invierno, aproximadamente. Hay que tener en cuenta que para el cálculo de la media de radiación diaria, por lo que en los días de mayor intensidad los tiempos serían más cortos. No es necesario poner en peligro nuestra piel para obtener la dosis óptima de vitamina D y tenemos que tener en cuenta que en los días nublados también puede haber un alto índice de radiación UV y por tanto tener nuestros niveles de vitamina D bajo control (todos los paquetes generales de Melio incluyen Vitamina D).

Pero los beneficios del sol no se quedan aquí, en las últimas décadas han aparecido nuevas asociaciones favorables entre la luz solar y la prevención de enfermedades que no están vinculadas a la vitamina D. Algunos estudios epidemiológicos han observado la correlación entre la exposición solar y la disminución de la tensión arterial teniendo un efecto cardioprotector. El mecanismo implicado parece ser un aumento en la producción de óxido nítrico, que es un potente vasodilatador e inhibidor de la agregación plaquetaria. La exposición solar también es usada en ocasiones para tratar enfermedades dermatológicas y autoinmunes como la psoriasis, vitiligo, acné y eczemas debido al ligero efecto inmunosupresor de los rayos UV. La luz solar también estimula la liberación de serotonina, el correcto funcionamiento de los ciclos circadianos y puede ayudar a prevenir la obesidad y otras enfermedades metabólicas.

Exposición moderada y con protección

Debemos encontrar un balance adecuado entre una exposición moderada a la luz y la protección de la piel teniendo en cuenta nuestro tipo de piel y la intensidad de la radiación UV. El índice de radiación UV varía según la época del año (máxima en julio y mínima en enero), la hora (máxima entre las 10 y las 14 horas solares, lo que en España en verano sería de 12 a 16 horas debido al desfase horario) y el lugar en el que nos encontremos y da información acerca de la intensidad de la radiación UV. Este índice varía entre 1 y más de 11, siendo recomendable utilizar protección solar a partir de 3 y desaconsejándose la exposición solar por encima de 8.

Los tipos de piel (fototipos) se clasifican del 1 al 6 en función de su tolerancia a la radiación, siendo la 1 la que más facilidad tiene para quemarse y la 6 la que menos. Teniendo en cuenta estos factores, el tiempo que no deberíamos exceder tomando el sol sin protección, en verano y cuando hay un índice de radiación de 4-6 (a partir de las 18 o antes de las 12 aprox.) es de 60 minutos, para personas con un fototipo de piel III (morena clara y con pocas pecas, que es la más común en España). Para niños y personas con una piel más clara y sensible este tiempo se reduce a la mitad. A partir de estos límites corremos riesgo de quemarnos. Si usamos protección solar estos límites se pueden extender pero siempre teniendo precaución con la deshidratación provocada por el calor.

El mayor riesgo de desarrollar cáncer de piel está asociado con la exposición intermitente, es decir, exponer nuestra piel sin protección cuando aún no está preparada para ello. Por eso te recomendamos que al principio de verano uses la máxima protección posible y según te vayas bronceando disminuyas si lo deseas el número de aplicaciones de crema solar o el FPS en las horas del día de menor índice UV (generalmente por las mañanas o por las tardes). Hay que tener precaución extrema con los niños menores de 3 años, ya que su piel es más sensible y está más desprotegida debido a la inmadurez de las funciones cutáneas. También hay que aumentar la precaución con las personas de mayor edad, en este caso porque su piel tiene menor capacidad de regenerarse y protegerse a sí misma.

Ideas principales:

  • Los rayos UVB son el principal factor de riesgo de cáncer de piel

  • Los rayos UVA generan envejecimiento prematuro de la piel

  • El calor puede generar deshidratación, sobrecarga cardiovascular y alteración renal

  • La luz del sol es necesaria para la síntesis de vitamina D

  • La exposición solar en manos, brazos y cara durante 10 minutos en primavera y verano, 30 en otoño y 100 en invierno es suficiente para cubrir los requerimientos de vitamina D.

  • Estudios recientes relacionan la exposición solar con una disminución de la presión sanguínea así como un correcto funcionamiento del metabolismo

  • Debemos protegernos de la luz del sol, especialmente cuando la intensidad UV es alta, incluso en los días nublados.

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Referencias

Curso de fotoprotección. Colegio Oficial de Farmacéuticos.

El sol y la piel: El lado oscuro de la exposición al sol. Instituto Nacional de Salud de los EE.UU

The known health effects of UV. Organización Mundial de la Salud.

Serrano, M.-A. et al. (2017) ‘Solar ultraviolet doses and vitamin D in a northern mid-latitude’, Science of The Total Environment. Elsevier B.V., 574, pp. 744–750

Weller, R. B. (2016) ‘Sunlight Has Cardiovascular Benefits Independently of Vitamin D’, Blood Purification. S. Karger AG, 41(1–3), pp. 130–134

van der Rhee, H. J., de Vries, E. and Coebergh, J. W. (2016) ‘Regular sun exposure benefits health’, Medical Hypotheses. Churchill Livingstone, 97, pp. 34–37

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